San José, 26 de Agosto del 2008
Excelelentísimo Señor
Doctor Oscar ARIAS SANCHEZ
Presidente de Costa Rica
Señor Presidente:
Los Obispos que conformamos la nueva Junta Directiva de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, como ciudadanos y Pastores del Pueblo de Dios, nos sentimos honrados en compartir con usted.
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Como es de su conocimiento, la
Conferencia Episcopal es una institución permanente integrada por los Obispos
de Costa Rica, para el ejercicio conjunto de algunas funciones pastorales que,
por su naturaleza, buscan el bien.
Misión de la Iglesia
Somos
conscientes, señor Presidente, de que las relaciones entre la comunidad
política y la Iglesia se apoyan en el reconocimiento de que estas tienen tareas
distintas, pero dirigidas a un mismo sujeto: “Ambas, (…) aunque por diversos
títulos, están al servicio de la vocación personal y social del hombre”.
Efectivamente, «Es tarea de
la Iglesia anunciar siempre y en todas partes los principios morales acerca del
orden social, así como pronunciar un juicio sobre cualquier realidad humana, en
cuanto lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las
almas ».
No es intención de la
Iglesia que su acción se confunda con la actividad política. Antes bien, cuando
hemos intervenido en cuestiones inherentes a la vida social y política, no
atentantamos contra las exigencias de una correcta interpretación de la
laicidad, porque la Iglesia no quiere ejercer un poder político ni eliminar la
libertad de opinión de los católicos sobre cuestiones contingentes. De hecho,
-en cumplimiento de su deber- la Iglesia forma e ilumina la conciencia de sus
fieles, sobre todo de los que están comprometidos en la vida política, para que
su acción esté siempre al servicio de la promoción integral de la persona y del
bien común: “La enseñanza social de la Iglesia no es una intromisión en el
gobierno de los diferentes países. Plantea ciertamente, en la conciencia única y
unitaria de los fieles laicos, un deber moral de coherencia ».
Nuestro Sistema
Democrático
“Nuestros antepasados
optaron, y a un alto precio, por la democracia como su forma de gobierno. Por
generaciones, nos hemos preciado de contar con un régimen democrático en el que
fueron consagrados el respeto a los derechos humanos, las libertades
fundamentales y la celebración periódica de elecciones”.
Como Iglesia valoramos este
sistema y sabemos que la auténtica democracia es
posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta
concepción de la persona humana.
De frente al creciente
laicismo, que pretende reducir la vida religiosa de los ciudadanos a la esfera
privada, sin ninguna manifestación social y pública, consideramos que: "la
autonomía de la esfera temporal no excluye una íntima armonía con las exigencias
superiores y complejas que derivan de una visión integral del ser humano y de su
destino eterno".
La Iglesia es libre para predicar la fe, enseñar su doctrina social y ejercer
su misión entre los hombres sin traba alguna.
Ciertamente, nos hacemos eco de la enseñanza del Papa Benedicto XVI quien
insiste en la conveniencia de Estados que protejan la práctica religiosa de sus
ciudadanos, sin preferencias ni rechazos.
Estado Solidario
Somos conscientes de los retos
que, como familia costarricense, estamos viviendo. Este es un momento en el que
la solidaridad es apremiante. Como nos indicara Doña Laura Chinchilla
recientemente: “Cuando hay muchos invitados a
la mesa y la comida apenas alcanza, ¿Quién puede repetirse si sabe que hay
personas que no han comido su primer plato? Así será Costa Rica durante los
próximos meses. Cuando los recursos son pocos y las necesidades muchas, debemos
ser solidarios”.
Reconocemos los esfuerzos del actual Gobierno en su lucha contra la pobreza y
confiamos que las conclusiones en materia social de la pasada encerrona del
Concejo de Gobierno se puedan concretar en medidas inclusivas que favorezcan,
sobre todo, a los mas desposeídos, a fin de que estos tengan verdaderas
oportunidades en el campo de la salud, la educación, el empleo y la vivienda.
La Iglesia
en su vocación samaritana y siguiendo el ejemplo del Divino Maestro está
dispuesta a colaborar con todas las iniciativas que buscan una sociedad mas
justa y solidaria.
Mientras
manifestamos a usted, señor Presidente nuestra particular estima y
consideración, le reiteramos la permanente disponibilidad para el diálogo y la
cooperación en favor de la justicia y de la paz social e invocamos la luz de lo
alto para que el Señor, con el don de su Espíritu, nos ilumine a todos para
discernir el bien del mal, lo justo de lo injusto, y nos fortalezca para
realizarlo en nuestras decisiones y en nuestra vida con responsabilidad y
rectitud.
Monseñor Hugo Barrantes Ureña Monseñor
Guillermo Loría Garita
Arzobispo de San José Obispo de San Isidro de El
General
Presidente de la Conferencia Episcopal Vice- presidente
Monseñor Oscar Fernández Guillén Monseñor José
Rafael Quirós Quirós
Obispo de Puntarenas Obispo de Limón
Secretario Tesorero
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