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HOMILIA CON MOTIVO DE LA PASADA DE LA VIRGEN DE LOS ÁNGELES A LA BASÍLICA DE CARTAGO Imprimir E-mail

 
 
 
EUCARISTÍA DE DESPEDIDA DE LA IMAGEN DE
NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES EN LA CATEDRAL DE CARTAGO
PASADA DE REGRESO A LA BASÍLICA

 

Domingo 06 de Septiembre de 2009

 

HOMILÍA

 

Con la presencia de Su Excelencia Monseñor Pierre Nguyén Van Tot, Nuncio Apostólico en nuestro país, representante de Su Santidad Benedicto XVI, nos disponemos con la gracia de Dios y la intercesión de Nuestra Señora de los Ángeles a hacer una reflexión sobre la Palabra de Dios que ha sido proclamada

 

Hermanos y hermanas, nos hemos congregado hoy aquí en nuestra Catedral, para acompañar a nuestra Madre Santísima en su regreso a la Basílica, después de un mes que nos ha acompañado. Este es un signo del amor entrañable que profesamos a la Virgen María, Reina y Patrona nuestra.

 

Nos hemos congregado porque somos firmes creyentes en Dios, manifestado en Jesucristo, nuestro Salvador, “que pasó haciendo el bien y sanando todos los poseídos del el maligno, porque Dios estaba con El”, escribe San Lucas en los Hechos de los Apóstoles ( Hech 10,39).

 

En fin, nos hemos congregado en esta mañana, porque estamos celebrando el mes de la Patria, una patria que anhelamos solidaria, fraterna, libre, en paz, donde reine Jesucristo, el Señor y Nuestra Señora de los Ángeles la proteja, como lo ha hecho desde su inicio.

 

En el Evangelio de hoy, Jesús viene a curarnos de todos los males, especialmente del mal del alejamiento del mismo Dios porque:

No hay peor ciego, que el que no quiere ver a Dios.

No hay peor sordo, que el que no quiere escuchar la Palabra de Dios.

No hay peor mudo, que el que no quiere dar una respuesta a Dios que interpela nuestra vida, que nos llama y nos espera.

 

Este es sin duda el peor modo de ser ciego, sordo y mudo y Jesús, Dios Salvador, viene a curar definitivamente estos males espirituales.

 

Preguntémonos como estamos nosotros frente a Dios. Porque Él nos habla, pero podemos estar sordos. El espera nuestra respuesta, pero podemos estar mudos. El nos muestra su amor, pero podemos estar ciegos.

 

La lectura del Evangelio de hoy nos debe recordar lo que ocurrió en nuestro Bautismo, cuando con el rito llamado “efetá”, ábrete, el sacerdote tocándonos el oído y la boca, nos invitó a escuchar la palabra y a profesar la fe. Desde ese momento el cristiano ha de tener muy abiertos los oídos para escuchar a Dios y abiertos los labios para hablar de Dios, sin callar. Porque lo que hizo Jesús en su tiempo, con sus palabras y sus gestos, tocando al enfermo, los oídos y la lengua, elevando sus ojos a lo alto del cielo, lo sigue haciendo con la humanidad por medio de su Iglesia. La presencia de Cristo en la historia es principio de alegría, de liberación y salvación. Hoy más que en el tiempo de Jesús hay muchos sordos y mudos de Dios. Sin embargo, Dios sigue cercano y su plan de salvación se sigue cumpliendo.

 

El Profeta Isaías en la lectura que escuchamos, nos ha enumerado los diversos males de los que Dios nos quiere liberar: sordos, mudos, cobardes, ciegos, cojos. Y antes estos males que afligen a su pueblo les dice: “Sean fuertes, ánimo, no teman. Es que los planes de Dios son todos planes de vida, son para dar vida y vida abundante. A eso ha venido Jesús.

 

La salvación, el amor y la vida divina en el mundo la sigue realizando Jesús a través de su Iglesia, desde hace dos mil años.

 

Sin embargo, existen grupos e ideologías que pretenden debilitar y hasta eliminar la misión que Jesucristo le encomendó a su Iglesia. Como si la Iglesia comunidad de Jesús, dependiera de caprichos humanos o de un artículo de una constitución política. Acaso Jesucristo se apoyó en artículos de constituciones políticas de Herodes o de Pilatos. Jesucristo se apoyó en el poder de Dios Padre para ser fiel a su misión y la Iglesia se apoya en el mismo Jesucristo como su fundamento y en el Espíritu Santo como su fuerza. La Iglesia es divina y nadie la puede destruir: “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, afirmó Jesús y prometió que estaría con ella hasta el fin del mundo, por ello, no tengan miedo, nos dijo.

 

Algunos creen que con eliminar el artículo 75 de la Constitución política, la Iglesia católica va a callar o va a claudicar de los principios que Dios le ha encomendado proclamar a lo largo de todos los tiempos en bien del ser humano y de la humanidad.

 

La Iglesia respetará siempre la vida desde su concepción, hasta la muerte natural. La Iglesia seguirá proclamando sin temores, la verdad de Dios sobre el matrimonio de un varón y una mujer. La Iglesia seguirá defendiendo a toda costa los derechos de la familia.

 

Todos sabemos que la Iglesia en Costa Rica, desde que inició su tarea en la colonia y concretamente en Cartago en 1563, se ha dedicado, no sólo a predicar la Palabra de Dios y a perdonar los pecados, sino también a curar enfermos, atender a los pobres y marginados, a luchar contra la opresión e injusticia, a trabajar por la liberación integral de la persona y a forjar una patria solidaria, justa, libre y de paz.

 

Que más hay que decir..., sí, algo mucho más grave. Un grupo de diputadas y diputados de nuestro honorable Congreso nacional, pretende borrar el nombre de Dios de nuestra Constitución política y posiblemente eliminarlo de toda institución pública. Así como lo oyen. Ellos creen que con este acto de profanación van a matar a Dios. Están totalmente equivocados, Dios no muere, El es el Dios de la Vida, el eterno, el inmutable, de El depende todo ser creado y sólo en El tiene sentido la vida humana.

Cuando el ser humano niega a Dios, se deshumaniza y pierde su dignidad. Cuando un estado se vuelve ateo, es capaz de cometer las peores injusticias y las más bajas aberraciones. De esto es testigo la historia.

 

Estamos frente a una campaña política, en donde debemos escoger muy bien a quienes nos van a gobernar. Candidatos que niegan a Dios y defienden principios que van contra la vida, contra el matrimonio y contra la familia. Ya los estamos conociendo. Por lo tanto, debemos ser coherentes con nuestra fe y en conciencia no podemos darles un voto.

 

Los invito a todos ustedes, aquí a los pies de nuestra Señora de los Ángeles, Reina y Patrona de Costa Rica, titulo con que el Congreso Constituyente del Estado de Costa Rica, la declaró “Patrona oficial de Costa Rica”, en 1824 y que lo ratificó el mismo Congreso en 1924 y en el 2002, para que nos comprometamos a luchar todos juntos para defender estos valores que son el fundamento de nuestra querida Patria y que algunos pretenden destruirlos, cosa que no lograrán porque somos la mayoría y porque Jesús el Señor de Costa Rica y Nuestra Señora de los Ángeles están con nosotros.

 

Gritemos con fuerza y sin miedo contra estas políticas, antihumanas, anticristianas y ateas, que algunos nos quieren imponer.

 

Virgencita de los Ángeles, salva y defiende a nuestra querida Patria, Costa Rica.

Amen.

 

+ Monseñor José Francisco Ulloa Rojas
Obispo de Cartago
 
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