ARZOBISPO DE SAN JOSÉ INSTÓ A LOS POLÍTICOS A CUMPLIR PROMESAS DE CAMPAÑA

 

Monseñor Hugo Barrantes Ureña

Arzobispo de San José y

Presidente de la

Conferencia Episcopal de Costa Rica

 

V domingo del tiempo ordinario

Ciclo c. 7 de febrero de 2010

Isaías 6, 1-2. 3-8 1 Corintios 15, 3-8.11 San Lucas 5, 1-11

 

Estimados candidatos a la Presidencia de la República y a otros puestos de elección popular.

Estimados hermanos todos:

 

En cada uno de los textos de la Sagrada Escritura, proclamados hoy, brota un tema en común: la vocación del ser humano para asumir su misión en la sociedad.

La vocación no es un difuso deseo de servir; es un verdadero “proyecto de vida” - orientado a hacer real el compromiso de servicio y entrega en una tarea concreta a favor de la sociedad.

Tanto Isaías, como Pablo y los cuatro primeros discípulos de Jesús, mencionados hoy, son ejemplo fiel de una actitud generosa e inmediata de respuesta y entrega a una vocación de servicio a los demás. De ellos aprendemos, en la situación del liderazgo propio de un político, que este no es una opción de tiempo libre, sino una opción de vida.

Todos ellos, dejando atrás sus propios intereses y proyectos, se adentraron en un camino, a veces incierto, en el que la renuncia y la negación se constituyen en elementos indispensables. Una respuesta fiel implica siempre “dejarlo todo” y no buscar más reconocimiento que el cumplimiento fiel de la tarea encomendada.

 

La vocación más que un privilegio es un compromiso. Hay que poner a producir los talentos a la máxima potencia. Dios abre un horizonte en el que, por encima de nuestros egoísmos, destacan las necesidades de los hermanos. El Papa Benedicto XVI afirma: “La vida cristiana no se expresa solamente en las virtudes personales, sino también en las virtudes sociales y políticas”.

En el ambiente de fiesta democrática que hoy vivimos los costarricenses, esta llamada al servicio y entrega total y desinteresada, cobra una particular vigencia en la vida de aquellos que aspiran a cargos públicos por la indudable vocación que han recibido de Dios para fomentar el sentido interior de la justicia, de la benevolencia y del servicio al bien común”.[1]

 

Ustedes, como creyentes, han sentido un llamado a trabajar incansablemente por la consecución del bien común en la sociedad. Juan Pablo II decía: “No hay vocación más religiosa que el trabajo.”. En ustedes, el llamado al servicio público es expresión de que vale la pena dedicarse al ser humano para elevarlo, para defenderlo y dignificarlo.

 

Una expresión trascendente y privilegiada de la vocación del ser humano ha sido el de la participación en la acción política. Se puede afirmar que la política es una convocatoria al heroísmo.

 

De hecho, en nuestra Iglesia se venera entre sus santos a numerosos hombres y mujeres que han servido a Dios a través de un generoso compromiso en las actividades políticas y de gobierno. Entre ellos, Santo Tomás Moro, proclamado patrono de los Gobernantes y Políticos, que supo testimoniar, hasta el martirio, la «inalienable dignidad de la conciencia».

 

Precisamente, el Papa Juan Pablo II, al proponerlo como modelo de los políticos señaló: «Su vida nos enseña que el gobierno es sobre todo un servicio de virtud», y agregaba: «Lo que iluminaba su conciencia era el sentido de que el hombre no puede desconectarse de Dios, ni la política de la moralidad».

 

No podemos matricularnos en un humanismo sin Dios.

 

En este sentido quienes asuman una responsabilidad política no deben olvidar, o dar poca importancia, a la dimensión moral de la representación que consiste en el compromiso de compartir el destino del pueblo y en buscar soluciones a los problemas sociales. El reto para ustedes como aspirantes a ejercer un cargo público, será el asumir con capacidad y responsabilidad la tarea de construir el bien común, dejando totalmente de lado su prestigio y la consecución de ventajas estrictamente personales.

 

La política es uno de los lugares donde se juega la vida de los hombres y el destino histórico de las comunidades humanas.

Vocación y humildad

Juan Pablo II decía: “Los cristianos que se dedican a la política – y quienes desean hacerlo como cristianos- deben actuar desinteresadamente, sin buscar su propia ventaja, o la de su grupo o partido, sino el bien de cada uno y de todos».

El líder político diseña y gestiona, con otros, la gestión de consenso sobre el bien común.

Servir en la vida política supone reconocer su propia limitación, superar su autosuficiencia y abrirse a la gracia de Dios a fin de recibir los dones necesarios para asumir su tarea. "La humildad es andar en verdad". [2]

 

La política no es un lugar de confrontación sino de encuentro.

Una vocación auténtica de servicio tiene como base la humildad que, desde la óptica cristiana se entiende como la "imitación interior, espiritual, del gran gesto de Cristo Dios que, renunciando a su grandeza y majestad, viene hacia los hombres para hacerse, libre y alegremente, esclavo de sus criaturas".

Les invito a que hoy, ustedes, con un corazón humilde, escuchen el llamado de Dios dirigido a Isaías: « ¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?». Y respondan generosamente: “Aquí estoy para hacer tu voluntad”.

 

Es importante escuchar de nuevo al Papa Benedicto XVI que nos indica: “El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política.”[3] Son muchos los problemas que atentan contra este orden y que preocupan en la actualidad al pueblo costarricense: las grandes diferencias regionales, la inseguridad ciudadana y la violencia social, el irrespeto a la vida humana, la pobreza persistente, la inestabilidad del núcleo familiar, la brecha en la educación, la desigualdad económica, el desempleo, la corrupción, el narcotráfico, el daño al medio ambiente, la debilidad e insuficiencia de algunas instituciones del Estado, la inestabilidad jurídica, el desorden moral y relativismo ético. Estos problemas, entre otros, esperan una solución.

 

Que la mirada de ustedes se fije en los pobres, reconociendo que el único diálogo posible con la pobreza es el desarrollo: que ellos, los pobres y marginados, logren “pasar de condiciones menos humanas a condiciones más humanas”.

En este momento hago un ferviente llamado a todos los costarricenses para que hoy participemos de esta fiesta democrática, ejerciendo, de manera consciente y responsable nuestro derecho al voto. La vida de nuestro sistema político democrático se fortalece cuando los ciudadanos participan. Por tanto, es nuestra obligación moral ir a votar.

 

A la vez que pido a Dios para que esta jornada electoral se desarrolle en un ambiente de paz, respeto y libertad, ruego al Altísimo para que bendiga el trabajo del Tribunal Supremo de Elecciones y de todos los costarricenses que, atendiendo el llamado cívico, desde las primeras horas del día, se consagran responsablemente a la Patria con su trabajo en las mesas electorales.

 

Como pueblo creyente, invoquemos finalmente de Dios el don del discernimiento en nuestros futuros gobernantes para que, dejándose guiar por la auténtica sabiduría, como lo hizo el rey Salomón al proclamar: “Concede, pues, a su siervo un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal,” [4] sirvan enteramente a los intereses de esta noble Nación.

 

Al continuar con nuestra acción de gracias, recordamos que el esfuerzo humano es inútil sin Dios: Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles.

Que el Señor de la Historia nos acompañe en esta jornada cívica de hoy.

Que así sea.



[1] Constitución Pastoral Gaudium et Spes, Concilio Vaticano II sobre la Iglesia en el Mundo Actual, N.º 73.

[2] Santa Teresa: Moradas sextas'

[3] Deus caritas est 28

[4] 1Re. 3, 9